viernes, 21 de junio de 2019

El modelo de la ciudad difusa describía efectivamente aquello que se había formado espontáneamente en torno a nuestras ciudades, pero una vez más proponía un análisis del territorio a partir de los llenos, y no lo observaba desde el interior de los vacíos. De hecho, los difusos no solo habitan casas, autopistas, redes informáticas y merenderos, sino  también aquellos vacíos que no se habían incorporado al sistema.
En efecto, los espacios vacíos dan la espalda a la ciudad con el fin de organizar una vida autónoma y paralela y , sin embargo, están habitados.
Los difusos van allí a cultivar huertos ilegales, a pasear el perro, a hacer un pícnic, a hacer el amor o a buscar atajos para pasar de una estructura urbana o otra. Sus hijos van allí a buscar espacios  de libertad y de vida social. Más allá de las formas de asentamiento, de los trazados, de las calles y de las casas, existe una enorme cantidad de espacios vacíos que componen el telón de fondo sobre el que se autodefine la ciudad. Se trata de unos espacios distintos de los espacios vacíos entendidos tradicionalmente como espacios públicos. - las plazas, los cuales, los jardines, los parques- y conforman  una porción enorme de territorio no construido que utiliza y vive de infinitos modos distintos y que, en algunos casos, resulta completamente impenetrable. Los espacios vacíos son una parte fundamental del sistema urbano, y habitan la ciudad de una forma nómada: se desplazan cada vez que el poder intenta imponer un nuevo orden. Son realidades crecidas fuera de, y en contra de, un proyecto moderno que sigue mostrándose incapaz de reconocer sus valor y, por tanto de aceptarlos.


francesco careri

Lo que me atrae de la metáfora marina de la deriva es el hecho de que el terreno donde se desarrolla es un mar incierto que cambia constantemente en función de las mutaciones de los vientos,de las corrientes, de nuestros estados de ánimo,de los encuentros que se producen. De hecho el punto clave reside en cómo proyectar una dirección, pero con una amplia disponibilidad a la indeterminación y a la atención a los proyectos de los demás. Llevar el timón de un barco de vela significa construir una ruta y modificarla constantemente, leyendo el mar encrespado,buscando aquellas zonas donde se encuentran las ráfagas, y evitando las zonas de calma. En definitiva, va encontrando en el propio territorio y en quien lo habita aquellas energías que permitan llevar adelante el proyecto indeterminado en su devenir: las personas adecuadas, los lugares más adaptados y aquellas situaciones  en las que el proyecto pueda crecer,modificarse y convertirse en un territorio común. Es evidente que si tenemos un proyecto determinado , este se hará añicos a las primeras ráfagas de viento, mientras que un proyecto de este tipo tiene probablemente más posibilidades de realizarse.
Francesco careri en Walkscapes

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