sábado, 25 de abril de 2026

El titulo para la exposición me gustaría que fuese: El rabillo del ojo.

El rabillo del ojo es una expresión que se utiliza cuando miras algo de forma disimulada o indirecta, sin girar la cabeza ni prestar atención abiertamente. Es como observar algo usando la visión periférica, para que parezca que no estás mirando.

Esta manera de mirar la desarrollé cuando me inicié en el mundo de las farolas. Venía de escribir mi nombre en distintas superficies de la ciudad, y cuando descubrí que la farola era un elemento olvidado por todos (por la administración), un soporte que de alguna manera democratiza el intercambio de los ciudadanos, un tablón de anuncios curvo, donde se van amontonando carteles y anuncios precarios, distintos tipos de cintas adhesivas, escritos a mano o fotocopiados, ofreciendo servicios: limpiezas, mudanzas… con sus respectivas faldas de números que ondean con el viento… y que la lluvia emborrona (también tiene otros usos, como puntos de encuentro donde los pises de perro confluyen).

Por lo repetitivo y el ritmo en la ciudad, sumado a una investigación de materiales y un deseo de autonomía, encontré la manera de escribir mi nombre en ellas, usando plantillas imantadas que rellenaba con spray. Este espacio y el modo en el cual lo pintaba me resultó realmente placentero, y terminó convirtiéndose en una obsesión. Recorrí la ciudad pintando sus farolas… calles y calles en sus dos direcciones.

Descubrí una motivación que enlazaba mis ganas de estar en la calle. Empecé a memorizar con más atención y detalle al intervenir en ella. Mi dedicación y mi objetivo estaban claros y definidos; fue entonces cuando asimilé el proceso, cuando aparecieron otros pensamientos. Estaba concentrado en que todo saliera bien y me sentía muy a gusto y lúcido; observaba con mucha atención mi alrededor. Mi actividad no estaba permitida, por lo que tenía que estar muy atento a todo lo que ocurría a mi alrededor. Ocurría durante el día, por lo que convivía con la cotidianidad de los ciudadanos.

Aquí es donde desarrollo la habilidad de mirar sin parecer que estoy mirando, sin mostrar alarma ni llamar la atención. También a moverme con suavidad, nada de gestos brutos o de preocupación.

El rabillo del ojo es una instalación de 10 farolas que definen una línea curva a lo largo y ancho de la sala, un fragmento de luz en la ciudad. Sobre la columna perforo una serie de frases y enunciados, pensamientos que bien podrían surgir en el tiempo de caminar de una a otra. Una luz en el interior del poste ilumina los mensajes, mientras que la esfera que debería iluminarse deja de hacerlo.


La imagen que se me pide podria ser una foto de farolas, y escrito a su alrededor.

Un spray en muchos lugares.
Suena y pienso que eres tú.
Pintura de paisaje.
Entre una y otra
Ideas en Secuencia
En cada farola un mensaje
Ritmo de aparición
Seguidilla de ideas.
Secuencias de ciudad.
Atravesar una valla
Bajo la lluvia, seguros.







El titulo para la exposición me gustaría que fuese,
El rabillo del ojo.

El rabillo del ojo es una expresión que se utiliza cuando miras algo
  de forma disimulada o indirecta, sin girar la cabeza ni prestar atención abiertamente. Es como observar algo usando la visión periférica, para que parezca que no estás mirando.

Esta manera de mirar que desarrolle cuando me inicie en el mundo de las farolas. Venía de escribir mi nombre en distintas superficies de la ciudad, y cuando descubrí que la farola era un elemento olvidado por todos ( por la administración.) Un soporte que de alguna manera democratiza el intercambio de los ciudadanos, un tablón de anuncios curvo, donde  se van amontonando carteles y anuncios precarios, distintos tipos de cintas adhesivas, escritos a mano o fotocopiados. Ofreciendo servicios; limpiezas, mudanzas… con sus respectivas faldas de números que ondean con el viento… y que la lluvia emborrona. (También tiene otros usos, como puntos de encuentro donde los pises de perro confluyen.)
Por lo repetitivo y el ritmo en la ciudad, sumado a una investigación de materiales y un deseo de autonomía encontré la manera de escribir mi nombre en ellas, usando plantillas imantadas que rellenaba con spray.
Este espacio y el modo en cual lo pintaba me resulto realmente placentero, y terminó convirtiéndose en una obsesión.
Recorrí la ciudad pintando sus farolas…calles y calles en sus dos direcciones.
Descubrí una motivación que enlazaba mis canas de estar en la calle.
Empecé a memorizar con más atención y detalle al intervenir en ella.
Mi dedicación y mi objetivo estaban claros y definidos, fue entonces cuando asimilé el proceso, cuando aparecieron otros pensamientos, estaban concentrado en que todo saliera bien y me sentía muy a gusto y lúcido, observaba con mucha atención mi alrededor. Mi actividad no estaba permitida, por lo que tenia que estar muy atento a todo lo que ocurría a mi alrededor. Ocurríais durante el dia, por lo que convivía con la cotidianidad de los ciudadanos.
Aquí es donde desarrollo la habilidad de mirar sin parecer que estoy mirando, sin mostrar alarma ni llamar la atención. También a moverme con suavidad, nada de gestos brutos o de preocupación.
El rabillo del ojo, es una instalación de 10 farolas que definen una linea curva a lo largo y ancho de la sala, un fragmento de luz en la ciudad.
Sobre la columna perforo una serie de frases y enunciados, pensamientos que bien podrían surgir en el tiempo de caminar de una a otra.
Una luz en el interior el posted ilumina los mensajes,  mientras que la esfera que debería iluminarse deja de hacerlo. 


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