lunes, 22 de junio de 2026

Bombardeo de poemas, Colectivo CasaGrande. Bareclona

Era sábado, por la tarde y descansabamos en la cama. Cate miró por la ventana después de la insistencia del ruido de un helicóptero.

Al asomarse, vio que de él caían miles y miles de papeles.

Nuestro primer pensamiento fue pensar en alguna extravagancia: dinero o una promoción musical…

Nos vestimos lo más rápido posible y corrimos a la calle.

Por el mercado de Santa Caterina ya se percibía la agitación.

Cruzamos Vía Laietana.

La gente miraba al cielo tratando de coger uno de aquellos papeles antes de que llegara al suelo.

Las calles y la carretera se llenaron de gente. La Guardia Urbana trataba de mantener el orden.

Una primera sensación caótica nos hizo sentir miedo y desconfianza, pero poco después averiguamos que lo que caía del cielo eran poemas. Todo el mundo estaba fascinado; una emoción que se contagiaba.

Era una acción del colectivo artístico chileno Casagrande. Una intención de transformar simbólicamente la memoria de los bombardeos relacionados con la Guerra Civil española en un acto de poesía. Alrededor de 100 poemas distintos, de poetas catalanes y chilenos, en torno a la idea de libertad, memoria, exilio, resistencia y silencio.

Cuando el helicóptero se fue, cientos de poemas quedaron atrapados en cornisas, toldos, andamios y árboles. La gente que todavía no había conseguido el suyo empezaba a idear la manera de conseguir uno y, en pocos minutos, había gente trepando a los árboles y zarandeando sus ramas, lanzando botellas de agua encima de techados y mirando en los lugares más inhóspitos.

La acción se convirtió en un juego de buscar y hacer caer. Los rescatistas eran aplaudidos y celebrados después de liberar aquellos marcapáginas que volvían a caer, y la gente formaba corrillos atentos al recorrido aleatorio del papel.

El primero que conseguimos fue gracias a un gesto de generosidad de una chica que se lo entregó en mano a Caterina. Quizás le sobraba o quién sabe, pero estábamos felices de tener uno.

Continuamos la tarde en la calle hasta llegar la noche, cuando volvimos a casa por la Plaça Nova.El viento había hecho caer algunos de los poemas, pero ya no estaban rodeados del público excitado que los había visto caer. Y ahí estaban, sin dueño ni reclamo, como un papel esperando a ser barrido.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una acción artística. Me ayudó a entender y conectar con las intenciones del arte a pie de calle: sin distinciones, sin predisposiciones ni horarios.

Sí es cierto que la acción estaba anunciada. Pero para la mayoría de la gente que estaba allí fue una sorpresa.

20 de junio de 2026.

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