El hierro, la madera, el granito, los hombres y los buques, todo entona un himno grandioso y apasionado al dios del Tráfico. Mas las voces humanas parecen débiles y ridículas, igualmente que los hombres causa de esta confusión. Vestidos con sucios harapos, encorvados bajo su carga, se agitan entre el polvo, en una atmósfera de calor y de ruido, y son pequeños, insignificantes, ante los colosos de hierro que les rodean, de las montañas de mercancías, de los repletos vagones y de todas aquellas cosas que ellos mismos han fabricado . Le esclaviza su obra, anulando su personalidad.
Los gigantescos barcos silban o suspiran profunda-mente, y en cada sonido que emiten parece resonar un sarcástico desprecio por los hombres que se arrastran por sus cubiertas y llenan sus flancos con el producto de un trabajo de esclavos. Las interminables filas de descargadores son lúgubremente ridículas; llevan en sus hombros enormes sacos de trigo que colocan en los abultados vientres de hierro de los buques, para ganar un pedazo de pan con que calmar el hambre. Los hom-bres, haraposos, sudando, embrutecidos por la ruda tarea, por el calor y el ruido; las máquinas brillantes, hercúleas e impasibles, fabricadas por estos mismos
hombres, estas máquinas, movidas no por el vapor,
sino por la sangre y los músculos de sus creadores...
¡cruel ironía!
El ruido ensordece, irrita el polvo la nariz y los ojos, quema el calor y fatiga el cuerpo, y todo, en torno, parece presto a estallar en una catástrofe sublime, después de la cual el aire se hará otra vez respirable, la tierra cesará de producir este ruido incesante, y la ciu-dad, el mar y el cielo quedarán tranquilos. Mas todo es una ilusión alimentada por la esperanza del hombre y por su constante e ilógico anhelo de libertad...
Se oyeron doce campanadas sonoras y graves. Cuando se apagó el eco de la última, la salvaje orquesta del trabajo habíase extinguido también y después de un minuto se transformó en un sordo murmullo. Entonces la voz de los hombres y la del mar se dejaron oír más distintas.
Era la hora de la comida
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